sábado, 9 de agosto de 2008

Anclaje


De este viaje por fin,
He echado mi ancla,
En la fuente que franca,
Ha esperado por mí.

Aciagos días fueron,
De tanto deambular,
Para poder llegar,
Hasta ti, mi consuelo.

Como si fuera cumbre,
De aguas verde marina,
La veo cristalina,
Ofrecerme la lumbre.

Por eso como marca,
Y sin querer volver,
He varado mi barca,
En pleno amanecer.

Arrecifes no fueron,
O rocas que no vea,
Sino porque ella crea,
En mi ser la pasión.

Desde ahí cada día,
Cada noche serena,
Esparciré en la arena,
Mi alegre poesía.

Quiero que nadie venga,
Arrancar a mi barca,
De la hermosa comarca,
Qu´es la fuente divina.

Te invito marinero,
De la vida y el llanto,
A cubrir con su manto,
Tu cuerpo y tus desvelos.

Deja que el viento sople,
Las velas de tu barca,
Que llegue a la comarca,
De la fuente y se acople.

Cual luz de tus desvelos,
A su lado tendrías,
Como yo cien luceros,
De risas y consuelos,Y eternas armonías.

miércoles, 30 de julio de 2008

Duerme Chaiten


Acodada a la barra del ciberespacio alguien entra y saluda: ¿Hola chilena, tu volcán, sigue escupiendo? Es mi amigo Emilio de España quien pregunta.
Respondo que si y que ha ello se ha sumado la lluvia desmoronando laderas y arrasando en su caída con casas y sueños.
Le digo que desde hace unos días la nieve cubre el paisaje. Ya no sabemos si lo blanco se debe a ella o a la ceniza volcánica

Y después vino el río, agrego. ¡No! ¡Si, Si! lo que oyes. Creció sin límites invadiendo la ciudad de lado a lado y corre desbandado por las calles. En las plazas se detiene a jugar en los balancines luego se resbala y sigue su camino. Atraviesa las casas descoyuntando la puerta trasera y fisgonea intruso; se revuelca en las alfombras, echa un sueño en las camas, prueba los alimentos para escapar raudo por la puerta principal contento por sus descubrimientos. ¡Eso sí! No es huésped deseado, llegó sin invitación. Arrastra en su descenso hacia el mar con vehículos, amores, animales, esfuerzos.

La naturaleza se ha desbocado, no quiere a nadie en sus espacios. Nada de hombres o niños, nada de aves, ni vacas, ni ovejas. Cubre plantas, hierbas, árboles y flores. ¡¡¡Nada!!! Pueblo blanco y rugiente bajo el agua que lo inunda y el volcán que lo cubre con su manto de silencio y muerte. Y la ceniza, siempre la ceniza cada vez más espesa. ¿Ceniza o nieve? pregunta Emilio. Ambas, querido, ambas.

Hoy es pueblo desierto como tantos otros en esta patria mía. El abandono lo ha marcado con su estigma. Los habitantes, hoy antiguos habitantes (Antiguo es una palabra que no tiene tiempo, donde el tiempo es relativo, puede ser ayer, hace años, milenios) han sido levantados en vuelo por los vientos del sur. Desperdigados, se han convertido en buscadores de rutas que los conduzcan al mítico lugar donde plantar la semilla del sueño nuevo, la simiente de esperanza. Andan errabundos, el ancla preparada para echarla donde el sol les sonría.

Pero sueñan con su pequeño pueblo. ¡Era hermoso y lozano! resuena en la tormenta del invierno, sur abajo. Un pueblo joven lleno de primaveras en sus plazas y de niños sonrientes.
Hoy, las casas destripadas navegan por el río en dirección poniente. ¡Nadie las construyo nadadoras!, pero aprenden con pena de aguas blancas y se dejan guiar por la corriente quizás donde. Llevan en su interior toda una vida y fotos de la abuela, del baile aquel, del nacimiento, crecimiento y partida de los que la habitaron. Y viaja hacia el mar como Alfonsina, sin retorno, sin vuelta, desvencijada, sometida, y por fin, vencida.

El volcán ruge y canta melodías ancianas; esas que conocían los aborígenes que vivían en latitud sur, y le canta a la tierra:
¡!!Duerme madre, descansa cubierta por mi manto,
yo velaré tu sueño de noches sin estrellas.
Mientras tú languideces en el reposo de los justos, te protegeré.
Te daré este calor entrañable que recorre las venas de la tierra profunda
cubriendo la arboleda y tus campos.
Desharé toda huella de usurpación limpiando y ocultando.
y los grillos celosos por mi abrazo bajaran hacia el silencio que noctámbulo,
te arrullará con titilar de estrellas ocultas.

Sol, la, si, la, si, do, son las notas florecidas en el huerto del cielo con que madre noche acarició a los hijos. Nadie humano las escuchó, se habían ido en busca de una nueva mañana tibia y de noches con estrellas. Quienes sí la escucharon fueron los otros hijos, los del silencio armónico El manto del volcán no fue apreciado por los habitantes de Chaiten, prefirieron viajar, con el favor del viento del pacifico, rumbo más bien al norte.
¿Dices que ya no hay nadie? Pregunta Emilio. ¿Nadie? respondo sorprendida, ¡pero si hay tantos! La vida amigo, ella, sigue viviendo su vida.

Cuando la tierra duerme y con ella sus creaciones emergidas y sumergidas todas están allí pensando en un mañana armonioso, pero para pensar es necesario silencio e introspección. Eso ha hecho ella utilizando a su volcán recién parido y el hijo obediente la cubre con su manto y la arrulla. Ella se deja hacer y se conecta en silencio con el padre universo para pronto volver a las andadas verdeando entre cielo y tierra, entre montañas y mar abierto.

sábado, 14 de junio de 2008

Rimando con Emilio


Emilio dice: Si la rima la dominas y de prosa, escribes bello, no creo te falte aquello,.... ¿que tal vas con la cocina?; seguro que eres divina con poco de esto y aquello.


Gracia responde: Como ve pues Don Emilio, Mi nombre no es condimento, Ellas rompieron el velo y me inspiran desde el credo el pseudo..nimo que contento se me cae de los dedos cuando firmo un nuevo cuento.
Como no he de agradecerles que me diera en su destello mi cadena de Rosarios un nombre..cito tan bello para usarlo como sello.
La cocina, Don Emilio, se me da muy bien cuando tengo oportunidad de ¨amansarla¨ jejejejeej.


Emilio: Eso del Don, no me cuadra, pues soy persona sencilla; soy un pastor de La Mancha que ante tanta maravilla, escribe versos y canta. Licenciado de borregas; la Pastoral de La Mancha, me hizo de ese Cum Ladae, que la gente tanto ensalza. Aprendi a silbar al perro para entrar en la majada a la rebelde Carlota, que es una loca muy cabra y a veces parece idiota. Con mi cayado a las liebres, la capturo a la carrera; los esparragos de sierra son mi plato mas alegre. Hay una fuente abundante a la sombra de un olivo, a la vera del camino que tranquilo en un instante, bebo mi bota de vino. Solo a la vida le pido que no cambie el oficio, el ser pastor es mi vicio, y puro el aire respiro sin padecer sacrificios.

Gracia: Emilito, mi pastor Que te queda bien el nombre Pues desde el bravo esplendor Conque comienzas tu día Pastoreando huestes de hombres Cibercielos y el humor Que a tus oídos resuena Con comentarios de amor. Y la prosa, nada digo O digo: !cielos!, !que flor! Por no decir poesía Donde un maestro sin voz Interpone las estrofas y Los versos cual mejor Para no decir soneto, Que nos das como lección De métrica y maestría. Siempre serás el mejor. Y te quiero.
Me encantan las aceitunas miam, miam sobre todo si son negras y bien carnudas. Las verde las prefiero rellenas con piñones o con almendras. Delicioso. Besos


Emilio: Con tu cariño me pagas, -que ya es pagar en la vida-, solo por verte servida de esas bellas carcajadas que nos muestras divertida iluminando tu cara. He de guardar ese escrito que en loa no bien ganada, me ha hecho sentir en mucho lo que yo valoro en nada. Todos maestros ya sois en el arte de la vida, mostrais cariño enseguida y vuestros versos me dais a poco de mi partida. No hay engaño, soy mayor, no dare mi despedida, hasta decir que los quiero y que Emilio, no os olvida.
Ayer me comi una bote de aceitunas, rellenas de,...¡ jalapeños!. Tengo el,- salvese la parte-, en carne viva. ¿Como podeis tomar tanto picante, y luego permanecer sentados ?, no comprender muá.


Gracia: Pero Emilio, Hay que comer de a poquito, que te puedes enfermar por goloso, no te explico como te queda la parte !Aceitunas! sin picante. solo un poquitin de vino acompañado del queso que te espera haciendo guiños. ! Madre mía! !que hambre! Besitos amosos y dulzones.


Emilio: Con tu gracia y tu salero, me explicas que no me pase en comer los jalpeños, pero yo me tomo el empeño de comerme su picante de las aceitunas grandes y de beberme hasta el ordeño por ser este mi deseo; por eso sufro al instante cuando tengo que sentarme en ese sitio tan feo.

Un Pseudónimo para Rosario


Rosario pensaba que su nombre no tenía la resonancia que necesita un autor de cuentos. Los pseudónimos o combinaciones que tenia ante los ojos no satisfacían su imaginaria y fue entonces, en medio de la creación, cuando se quedó dormida.

No mas cerrar los ojos comenzó a descender por una escalinata hacia un lugar blancamente iluminado. Al llegar a un recodo un murmullo la hizo aguzar el oído; Muchas voces al mismo tiempo con una algarabía de risas, movimientos y carreras llenaban la estancia de cálida camaradería. En alguna parte de sus células sabia que esas voces pertenecían a sus Rosarios ancestrales. Las convocó sin darse siquiera el trabajo de llamarlas, sólo las pensó cuando en un carrusel de nombres e historias, buscaba un pseudónimo que encubriera los cuentos que desde sus sentidos se derramarían fuente a fuente, letra a letra hasta sus manos.

Se asomó para verlas aunque no mas fuera por esta vez, cuando de entre la multitud apareció un letrero que decía Hortensia, las otras personas reían y se atropellaban tratando de verla, de alcanzarla aunque no mas fuera por unos instantes con la mirada ella, sólo pudo distinguir la mano que lo alzaba. Desde lejos, atrás, muy atrás de sus recuerdos esas voces fueron teniendo cara, nombre, y en su mente, la claridad. No necesitó subir o bajar un peldaño más porque había comprendido que los ancestros femeninos se habían dado cita en ese lugar para reencontrarla.

Sus ojos no servían para ver pues sus sentidos lo captaban todo hasta la más mínima vibración. Despacio, caminando en puntillas Rosario llegó a su lado y en un frenesí de movimientos, con las manos en jarra, se encadenaron las unas a las otras y comenzaron a bailar la danza de la historia.

Desde los confines del pasado le llegaron los fru-fru de polleras y piececitos deslizándose al compás de la música que hace el viento al rozar las hojas. De pronto se encontró en el lugar más alto, siendo la primera de la fila ¿o la última, se preguntó? y pudo ver que la cadena de Rosarios era casi infinita. Pasaban ante ella hermosos rostros ovalados, cabelleras rojas, negras, doradas, ojos de ámbar, esmeralda o cielo, bocas sonrientes, cuerpos culebreando desde el ¨antes¨ para llegar frente al ¨ahora¨, que las miraba embelesada. La fueron cercando en cientos de vueltas hasta ser lanzada hacia los aires sujeta por finísimos hilos dorados que la unían a esas manos cariñosas y seguras.

Ellas estaban contentas. Las había recordado. Sus nombres estaban en sus pensamientos, en las combinaciones de letras que precipitaban como cuentas pero siempre ligadas a ellas, a lo que le pertenecía; su cadena genética ancestral. No quería tener un nombre que no representara nada y ellas llenas de entusiasmo se lo agradecían y festejaban a su modo.

Fueron apareciendo los letreros, primero uno, luego otro, se quedaba unos instantes inmóvil para cerciorarse que lo había leído, desapareciendo en medio de risas y aplausos. Instruyó que en ese gesto tan humano había una petición implícita; “acuérdate de mi”, “y de mi” decía otra mostrándole su pancarta. Cuando tuvo los ojos pletóricos de cognomentos ancestrales comenzó a despertar y con plena conciencia de lo sucedido fue despegando los párpados despacito para que no se le escapara ninguno. Puso la primera letra de cada nombre en un papel y el resultado le pareció perfecto: Gracia, ¿quieren que me llame Gracia o me dan las gracias? les preguntó sonriendo.

Así nació este nombre, sugerido en una insólita reunión de mujeres, que dieron forma a un futuro apenas imaginado por ellas pero ciertamente vislumbrado al momento de parir.

Las Rosa-Hortensia, Andrea, Aurora, Catalina, Irene, Inés, Graciela, Gabriela y tantas otras habían hecho crecer la cadena de la vida eslabonando el pasado con el futuro por medio de una silenciosa construcción celular. Cada una aportó su perfecto yo hasta llegar a las entrañas de las abuelas. Nosotras, pensó Rosario: mi madre, yo, mis hijas y ahora mi nieto somos la continuidad de tejedoras expertas, lanzadoras de redes al futuro, semillas sembradas en los vientres fértiles de esas mujeres que la miran sonrientes desde sus cunas del pasado.

viernes, 11 de abril de 2008

ORACION POR NOSOTROS


Tú que lo cruzaste en mi camino
debes saber, Señor,
cuan acertado fue tu juicio
al ponerlo ante mi.
El amor que tú nos entregaste continúa naciendo,
nos cubre y se derrama día a día
a pesar del largo y añoso camino recorrido.
Te ruego, Señor, humildemente
permitas a nuestros cuerpos
continuar el abrazo
en el que tú nos sumergiste
Que de nuestros labios siga brotando
inacabable miel ardiente
y que de nuestras manos
entrelazadas en futuro y esperanza
emerjan silenciosos collares de caricias
hasta que tú, Señor, nos llames
a continuar nuestro susurro
mas allá de los cuerpos,
bajo el tibio manto de la tierra.

OTOÑO


Desperté en los brazos de mi amado
Cobijada en la tibieza de su cuerpo
Comprendí que el otoño, ya llegado
Con su capa de frio había cubierto
Nuestros cuerpos soñolientos y cansados

Me levante y busque al sol entre la bruma
No respondió jubiloso a mi llamado
Lo había escondido la suave y dulce espuma
De la nube que silenciosa había bajado
A enfriar el jardín humildemente engalanado

Los arboles señoriales se vistieron
de hojas amarillas y rosadas
y van cayendo a la orilla del estero
como sombras de amor enamoradas
del agua que las lleva hacia el clavero.

Allá en tu tierra primavera reina
Sobre los sauces y arboles floridos
El susurro del aire canta luego peina
Los verdes prados y troncos más fornidos
Desentrañando al hombre de su pena.

domingo, 6 de abril de 2008

Ebriedad de Emilio

Emilio Dijo muy triste

Vente vino de visita a mi garganta;
¡ ya ves que las penas voy matando
pues necesito ir ahogando
ese amor que a mi me mata !.
Es olvido lo que busco con beberte;
no es placer el buscar tu compañía;
la traidora que se fue siendo de día
sin recuerdo quedara, si voy a verte.
La botella se vacía en un momento
y borracho tu recuerdo yo no olvido,
por lo bello de tus ojos soy cautivo,
la prisión de tus labios mi tormento.
Los vapores del alcohol están ausentes;
la botella vacía por el suelo,...
no me dio la bebida tal consuelo
y una cuerda, lo resuelve eternamente
Gracia le respondió
Pobre Emilio, amigo mío
tener que ahogar las penas
de ese amorcito querido
con un mosto, más que buenas

Preferiría indicarte
una agüita de Melisa
que te ayudará a dejarte
desternillado de risa.

El vino, ya bien se sabe
no sana nada ni cura
la molestia que te cave
en el alma y su negrura.

El vino, ese buen amigo
que a mí me gusta re tanto
puede llevarte consigo
con brutalidad y espanto.

Entonces, mi pobre amigo
va a buscar una farmacia
y le pides al botijo
que te recete Armonil....gracia

Eso de andar por el suelo
mirando bajo la mesa
con migajas en el pelo
me parece una bajeza.

Más interesante el lazo
para colgar de una viga
pero con el costalazo
no podrás tragar ni saliva

Cuídate entonces de amores
que te dejan como enfermo
debilitado de dolores
queriendo subir al cielo.

sábado, 5 de abril de 2008

Silencio de los Riscos

Subí a las cuatro de la mañana por escaleras sinuosas, cubiertas de roció hasta la *Piedra del Sol para ver el espectáculo del amanecer en el valle y en la *montaña vieja. Mi sueño de todo siempre se hacia realidad.
Sólo silencio y tinieblas…. y abajo, muy abajo, el Urubamba corría veloz cantando a través de las rocas y cañones verdeantes de la cordillera de Los Andes. A pesar de los sentidos aguzados, sólo escuchaba su canto, nada veía. Más abajo en el pequeño llano de Aguas Calientes, la vida fluía en un sueño silencioso como cualquier madrugada tibia del invierno altiplanico.
Desde lo alto del circo del cielo las trompetas de los ángeles dieron la partida a las nubes que cubrían la parte baja y con un sólo movimiento de la batuta divina comenzaron a subir, cadenciosas, hacia las cumbres. Vi como los picos de las montañas más bajas se cubrían de ese algodón blanco que subía hacia mí cegando la vista al valle. Era el silencio cimbreante de los montes….. y el movimiento ascendente de la masa nubosa que en pocos instantes me cubriría. Primero fueron los pies, luego las piernas y a mi lado, mis compañeros de viaje, emocionados al igual que yo, se dejaban besar por los cúmulus. Pronto sólo mi cabeza era visible a la luz tenue del amanecer, mas ellas, inexorablemente, fueron cubriéndolo todo hasta llegar a mis labios. Las sentí húmedas, frías, palpables, mágicas, vivas y les devolví, como amante, su beso de agua fresca. Abrí la boca para que ingresaran a mi garganta y su hálito suave penetró hasta el fondo. Me poseían y me dejaba hacer enardecida por el abrazo abismante del cielo humedecido. Cuando cerré los ojos, impidiéndoles el paso a la pupila, habían ocupado, cual dueñas de esta pequeña vida, mis cinco sentidos. Después de un segundo, el esplendor del valle me dejó sin aliento. Las nubes que lo habían cubierto durante la noche, como la cobija cubre al niño, se habían remontado a los empinados picos de más de 3500 metros dejando al descubierto al valle verde y exuberante del señor Urubamba.
Humilde entre los cerros, la luz del sol se dejo entrever, iluminando la cima de la *montaña joven. Con su impecable manto dorado y los rayos coronando la cima, montaña joven (Huaina Pichu) nos mostraba, airosa, la esbeltez de su altanera estatura.
La ciudadela cobro vida como antaño, cuando por las escaleras de piedras, hoy quejumbrosas, galopaban los incas y sus dioses. Eran tiempos de gloria y majestad, de pura juventud y ritos ancestrales. Esta mañana mía, esta nueva mañana daba sus primeros pasos anunciándose calurosa y húmeda.

Antes, cuando la paz y la alegría eran dueños de montes y de valles, cuando sólo el cóndor con su vuelo taciturno surcaba los espacios, cuando las jovencitas cantaban al Inti melodías lacustres y nostálgicas, entonces los dioses aplaudían radiantes las notas emanadas de sus cuerdas vocales.

Hoy el silencio es dueño de los riscos. De vez en cuando un pastor improvisa en su flauta melodías ensoñadas. Presiente los recuerdos aflorando a sus labios y besa suavecito la boquilla desgranando el mágico sonido de un pasado ya ausente. No sabe bien cuando comenzó a interpretarlas, ni como las notas se enredaron en sus dedos labriegos, mas están ahí a la espera… y el hombre las libera. Ellas, afortunadas, vuelan como banderas transparentes, viajan de monte a río, de roca en cielo ocultándose por fin, en la sabiduría resguardada en las piedras silenciosas.
Neruda estuvo entre mis labios con su canto magnifico, ahí entendí en toda su potencia el significado de su llamada…. ¡Sube a nacer conmigo hermano! No era sólo una frase en su retórica, había que ir a esas latitudes para renacer limpio y humilde ante la belleza inigualable de la naturaleza y rendirle homenaje a los intrépidos constructores anónimos de la ciudadela sagrada de los Incas.

martes, 1 de abril de 2008

NOSTALGIA


Miro por mi ventana y observo
que los arboles han perdido las hojas
que el suelo esta alfombrado de amarillo
y que los nidos han quedado al descubierto.
Allí donde las flores engalanaban los troncos
cubiertos de hojas verdes relucientes al sol
allí donde el roció jugaba a lavandero
todo ha ido cayendo pausadamente con la brisa.
Pero tu, mi pequeño, estas al otro lado
lejos, después de las montañas y los mares
donde la primavera comienza a florecer
y los arboles altos a cuajares de hojas nuevas.
Es tu vida nueva que comienza
es mi vida vieja que se acaba
¿o es tu vida nueva que capullea al sol
y mi vida vieja que amarillea al viento¿.
Lo que sea, mi niño, tu mirada me falta
los trinos de tu voz se niegan a mi oído
y las arrulladoras canciones que cantaba
se murmuran silentes esperando tu amor.

SILENCIOS


Mira por la ventana, da media vuelta y dice con la voz desgarrada: “no me regales palabras tuyas” , “puedo amar el silencio”.

El hombre de bigote y sombrero jipijapa fuma pausadamente su habano. De vez en cuando entrecierra los ojos, suspira y exhala una bocanada de un humo azulino que libera su boca, pero calla.

Esperanza continua diciendo: no me digas que me amas, que vendrás a verme y que te quedaras para siempre, por favor, padre, ruega con los ojos enrojecidos, “no me digas grieta que me iré partiendo”.
Se cubre la cara mientras solloza en silencio para no romper la magia que se ha instalado en la estancia.

El hombre se para, camina hasta la ventana, mira el horizonte y calla. El magnolio está florido piensa, es tan sutilmente fragante que se parece a ella.

Esperanza toma un vaso con agua, contempla su transparencia y lo bebe, le sabe a amargo, a cosa perdida y con una resolución fría que la enciende por dentro dice: ¿sabes una cosa? Padre, me haré piedra helada como las que habitan los montes.

De pronto el hombre se sorprende al escucha a lo lejos la canción que regalara a su hija cuando cumplió cuatro años “Lagrimas y Sonrisas”, piensa y el recuerdo le ilumina el rostro, también se parece a ella cuando llora porque no puede dejar de sonreír, las penas no le quedan bien a mi niña, dice haciendo un gesto de ternura.

Esperanza se acerca nuevamente a la ventana y en el silencio de su mente cobra forma la pregunta por años repetida ¿donde habrá ido? Solo el silencio le responde; Ya es invierno.....dice contemplando el jardín; las rosas han cesado de colorear el mundo.

Desde el fondo de la oscuridad de sus pensamientos emerge una luz que la ciega y la respuesta se dibuja tenuemente como sombra fantasmal dulcificando el dolor del pasado. Esta vez Padre, ya se, dice sonriendo con una nostalgia que le devora los ojos, yo se donde has ido, y aunque quisieras, no podrás escapar a mis ramos de rosas.
GRACIA GADEL Pirque, 10 de Julio 2007