
Tú que lo cruzaste en mi camino
debes saber, Señor,
cuan acertado fue tu juicio
al ponerlo ante mi.
El amor que tú nos entregaste continúa naciendo,
nos cubre y se derrama día a día
a pesar del largo y añoso camino recorrido.
Te ruego, Señor, humildemente
permitas a nuestros cuerpos
continuar el abrazo
en el que tú nos sumergiste
Que de nuestros labios siga brotando
inacabable miel ardiente
y que de nuestras manos
entrelazadas en futuro y esperanza
emerjan silenciosos collares de caricias
hasta que tú, Señor, nos llames
a continuar nuestro susurro
mas allá de los cuerpos,
bajo el tibio manto de la tierra.