Tierra mía de los Andes:
bastión de las sierras bellas,
canción de rocas y orellas
corredor de fuente pura,
surco de vida y bravura
que mira hacia las estrellas.
Desde Arica te desplazas
corriendo por la pendiente,
buscando cual inocente
la gesta de la porfía,
tú eres sol, ¡oh! patria mía
manantial y flor turgente.
En los valles de esta tierra
crecen pastos y cañadas
que hermosean las quebradas
floreciendo cual capullo,
pues tu voz es un arrullo
en las claras alboradas.
Mar arisco, ondas altivas
de un azul claro e intenso,
él me baña cuando pienso
que este cuerpo ya cansado
en sus aguas ha dejado
la perfección del comienzo.
Valles cubiertos de arena
de verdor y de mil flores,
fue creado en los albores
de la roca escurridiza
que desgranó cual caliza
alimentando primores.
Campo verde, Chile centro
donde cóndores y hombres
te bautizan con sus nombres
diferenciando el camino,
no sabe el triste cretino
que en este suelo no hay pobres.
Hacia el sur seres muy grandes
elevan su copa al cielo,
buscan del Padre, consuelo
a las penas de la gente,
son dioses que él puso al frente
para arrullar su desvelo.
El austral se ha puesto blanco
por olvido de los hijos
que ocultos en escondrijos
no se acuerdan quiénes son,
con hielo en el corazón
rezan ante crucifijos.
Mi país se ha estremecido
para despertar al niño
y los mece con cariño
aunque el mundo no lo crea
y aunque el ojo sólo vea
lo que se perdió en el guiño.
Recuerda, Hermano y aprecia
la tierra que te ha heredado,
disfruta todo lo dado
por esta madre querida,
¡Deja cerrar esa herida!
y lanza al fuego el candado
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lunes, 26 de abril de 2010
miércoles, 27 de enero de 2010
Si Yo tuviera Alas

¿Si yo tuviera alas?…
volaría por sobre mí misma.
Me encaramaría a todos los tejados,
sobre las copas de los árboles,
iría más allá de la cima de los cerros
seguiría el curso de los ríos y acariciaría las peñas.
Si yo tuviera alas…
partiría rauda hacia Paris,
me colgaría en lo más alto de la torre Eiffel
la cabeza hacia abajo mirando el curso del rio Sena
y haría gestos obscenos a los pasantes.
Si yo tuviera alas…
viajaría hacia el templo suspendido de china,
le pondría manos de tierra a las estatuas que las perdieron,
repararía los estragos del paso del tiempo
y pintaría nuevamente los techos.
Si yo tuviera alas…
por las tardes me llevaría a mi nieto a volar.
Le compraría estrellas en el supermercado de la luna,
unos caramelos en el boliche del sol para chupar en invierno
y una corona de luceros blancos.
Ah, sí, si yo tuviera alas…
lo llevaría a la tienda universal de abastos
para comprar un pantalón con bolsillos de payaso
donde ocultara los tesoros que encuentre en nuestro vuelo.
Le compraría una camisa a rayas y cuadritos en la agalaxia de Andrómeda
unos patines verdes, una guitarra dorada y una espada de luz azul.
Si yo tuviera alas…
Le quitaría, al pasar, el arco y la flecha a sagitario,
me pasaría la vida flechando amores imposibles,
haría múltiples diseños con las estrellas
y los colgaría en la bóveda oscura de la noche terrestre.
Si yo tuviera alas… mmh…
¿Si yo tuviera alas?…
¡Ya me habría volado!
sábado, 17 de octubre de 2009
Gota de Lágrima
Cae,
cae,
cae, una gota:
Ting,
Splach,
Plum.
Resbala por el vidrio de mi ventana,
que mira hacia la cumbre y se desvanece.
No supe si era un ojo o la lágrima quien corría.
Adiviné los hilos cristalinos que la unían al parpado,
pero se cortaron cuando traté de anudarlos a mi garganta.
Quise con ellos devolver la tristeza hacia los cielos,
olvidarme del agua que escurría miedosa,
descansar del aliento de la tristeza indómita,
refugiarme en el hueco de las letras marchitas.
Ting,
Splach,
Plum.
Raudas se despeñaron.
Corrieron por la vera enfrente a mis pestañas,
liberándome al fin del dolor de estos ojos,
que se abrieron al sol consumiendo el rocío… de mi eterna nostalgia.
cae,
cae, una gota:
Ting,
Splach,
Plum.
Resbala por el vidrio de mi ventana,
que mira hacia la cumbre y se desvanece.
No supe si era un ojo o la lágrima quien corría.
Adiviné los hilos cristalinos que la unían al parpado,
pero se cortaron cuando traté de anudarlos a mi garganta.
Quise con ellos devolver la tristeza hacia los cielos,
olvidarme del agua que escurría miedosa,
descansar del aliento de la tristeza indómita,
refugiarme en el hueco de las letras marchitas.
Ting,
Splach,
Plum.
Raudas se despeñaron.
Corrieron por la vera enfrente a mis pestañas,
liberándome al fin del dolor de estos ojos,
que se abrieron al sol consumiendo el rocío… de mi eterna nostalgia.
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