En las tierras yertas del desierto donde sólo la sal crece bajo el manto opaco de la arena y las rocas, en las explanadas silenciosas besadas por el tórrido sol de cada día, Dios sembró semillas de nueva vida. En ese silencio mustio de los atardeceres en que ni el cóndor baja a mirar las canteras de sal por miedo a quemar sus alas, ahí en los faldeos de las montañas de los Andes o más abajo en las planicies angostas, crece la vida de repente.
Bastaron 3 milímetros de agua para que todo naciera; flores, insectos, pájaros, cactus y rocas fertilizadas por la lluvia del invierno y el viento; las piedras entristecidas de tanta espera atrapan al vuelo las esporas de los líquenes que se apegan a ellas como a su madre patria. De entre los granos de arena salobre emergen los tallos delicados: mil nuevos soles, miles de nuevas flores.
Caminé sobre las planicies y los cerros admirando el paisaje de estos nuevos bosques. Recorrí paso a paso las extensiones abrumadoras del desierto chileno, que inhumaba la arena y las rocas y exhumaba la esencia de estrellas renacientes. Nada me importó la distancia o la fatiga, cabalgué con las manos extendidas atrapando la nueva vida.
Ese mismo desierto que amo tanto por su imperecedero silencio, hoy convertido en vergel de ojos amarillos me devolvió en mil besos la visita abrazándome en un cálido encuentro. Las emociones turbaron mis caricias y recorrió mi espalda la belleza de sus cerros como nuevas macetas vibrando hacia los vientos.
Aquí una montaña se ha vestido de verde, otra le ha robado al cielo el azul de la infancia, otra mas lejana se engalanó de un ámbar cristalino, la de más allá me mira con su vestido rojo salpicado de estrellas. Todas y cada una en esta gala de la primavera desértica han querido lucirse hermosamente bellas. En los montes cercanos a la rivera del pacífico, una corona de nubes se ha posado sobre las altas cumbres como sombrero blanco y esponjoso.
El valle, ese valle arenoso y estéril que acoge a los burros salvajes y a las llamas del desierto, reverdece y se cubre con los colores de la paleta divina centelleando bajo la brisa cálida que lo besa. El pulular de los insectos estremece los parpados de las flores silvestres y en concierto amoroso le abren sus corolas al amante compartido con otras de su especie.
Nada les importó la carretera que cruza los campos, no les asustaron los alambres de púas, no le temieron al cartel ¡No Pasar! Sonrieron ante la pancarta que prona amenazante: Recinto Privado. Se extendieron en cruz y espada más allá de los vientos encaramándose por sobre el roquerio y las casas, invadiendo la línea férrea, ocultando la fealdad que dejan los humana en su paso irrespetuoso por la tierra.
Todo es labor en el desierto de Atacama. Las plantas que han crecido duraran sólo un instante y en ese tiempo las bendigo y les canto. El proceso íntegro de la vida se funde bajo el suelo en un incesante pulular de obreros. Los abejorros, esos labriegos suaves, piel de seda negra y amarilla, recorren cada estambre, polen y luz de vida mientras otras recogen semillas para guardarlas en las entrañas frescas de la arcilla.
¡Algún día! –se dicen-, vendrá un nuevo tiempo de flores nuevas. Ellos no saben cuando pero será algún día. Puede ser en un año o en 50 por lo tanto el trabajo debe ser perfecto. No se permite errores en el desierto pues error es muerte eterna. Cada ser conoce su tarea y laboran felices llenando el ambiente de pálidos sonidos. A esos amantes laboriosos las flores les regalan el perfume de la tarde que todo lo cubre, que todo lo impregna incluyendo mi pelo.
Quise revolcarme en el paño de flores violeta pero no pude, quise impregnarme en el manchón de flores celestes pero no pude, quise marchitarme en la cubierta amarilla de la pampa, pero no pude, quise adentrarme en el rosado pálido hasta el fondo, pero no pude. Entonces ellas me cubrieron con sus aromas y llenando mi garganta de añañucas, me envolvieron entera en sol naciente, me regalaron su aroma de sortija, me llenaron los ojos de luz postrera.
Camine silenciosa hasta mi auto y emprendí el viaje de regreso. Dejarlo me dolía fuerte aquí en el pecho ¡Como quise guardarme en el desierto! Quedarme para siempre cobijada en el aliento que las sopla hacia el cielo; hundirme y amanecer en cada evento de nueva primavera reverdeciente; fundirme en el desierto; ser un grano de arena.
Lo guardé en mis pestañas para recordarlo mas tarde, cuando frente a mi pantalla revisara sus flores, y aquí lo tengo, enardecidamente perfumada de estrellas, atardecida y eternamente agradecida por este fugaz encuentro.
miércoles, 20 de enero de 2010
jueves, 17 de diciembre de 2009
Madrugada
Cuando te busco, Soledad mía,
siempre te encuentro bordeando el jardín de rosas,
como queriendo impregnarte de sus espinas,
acariciarte con el perfume de sus flores.
!Y te encuentro, Silenciosa!
!Y tu silencio se atesora en mis palabras!
Conmueves mi mirada con tu grito agreste...
¡Oh, silencio de este pecho que mueves!
Te busco y te cultivo,
te aprieto y de sostengo,
te añoro y te cobijo,
¡Oh, soledad de los riscos!
Cada día desciendes por la inclinada ladera,
serpenteando silencios de silenciosa vida,
con la frente hacia el cielo consumiendo nostalgias,
rompiendo con tus plumas el velo de este cuerpo.
Y me atas y te añoro,
y te miro y te tengo,
y suspiro y te invoco,
¡Oh, soledad del canto eterno!
sábado, 12 de diciembre de 2009
Recuerdos en Cadena

Los recuerdos asaltan mis cadenas
Trayendo mis memorias al ahora
pegadas a los zapatos del aroma
de las rosas marchitas de la espera.
Las imágenes me asaltan plañideras
por el lado izquierdo del cerebro
se estremecen con el ya olvidado encuentro
del ayer con el hoy en primaveras.
Me imagino que el eco del perfume
de un viejo tiempo rocía mis neuronas
con su alocado asperjo de ilusiones
bajo el aroma tibio de las rosas.
Pero vuelven de prisa a incrustarse
en el ojo derecho del que asoman
tal relámpago azul de mil canciones
de un pasado cruel que desentona.
De mi lado derecho surgen cruces
de las muertes de antaño que olvidaba
enterré con el alma agarrotada
para seguir viviendo con la aurora.
En este cementerio desvanecen
las palomas de alas muy plateadas
que dejara volar en plena infancia
gritándome del cielo que me amaban.
Cuando niña creía que volaba
al mirar fijamente el horizontes
De ilusiones pegadas en los montes
Donde el sol su bandera enarbolaba.
De las crines de potros sin cadenas
Corría por laderas y por riscos
Los cabellos al viento sin un cinto
Repartían arreboles por las peñas.
Eran tiempos olorosos de aventuras
Donde el eco de la lluvia adormecía
Junto al brazo del padre que mecía
El cuerpo de la infancia con ternura.
Tiempo ingrato arrebatas de mis manos
Las caricias de la aurora y de la luna
Ni la espiga ni el jazmín, nada, ninguna
Se sembró en el jardín de amor profano.
Cuando el tiempo ya pasado me encadena
jalonando el ayer con el ahora
en mi pecho el recuerdo siempre aflora
cuando veo florecer la enredadera.
Ya es pasado pues es tiempo que se ha ido
Trotando de la mano de inocencia
Hoy en día sólo queda la conciencia
De eslabones y cadenas que he perdido.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Canto al Silencio
Como campo de espigas que ondulan con la brisa,
mis emociones viajan y meciéndose en el viento,
se alejan de mi pecho, luego vuelven de prisa,
y se anclan cual latido, hundiéndose en el tiempo.
Yo te busco en silencio y te escapas con alas,
de golondrina herida por el sol de la tarde,
quiero mirar tus ojos y fundirme en la nada,
flameando como espiga en tu campo que arde.
Silencio no te vayas quédate unos momentos,
a romper con tus ondas la costra de mi mente,
necesito tu olvido para viajar contentos,
esta noche fraguada sin sentirme indigente.
Hoy aquí me hace falta la mano de mi madre,
con su caricia blanda y su beso en la frente,
borrando cada sombra, disolviendo en el aire,
las heridas que traigo aunque no era consciente.
Silencio tu llegada me trae la alegría,
encontré en ti el abrigo, que me envuelve en la nada,
acuéstate en mis brazos reposa todavía,
y déjame acunarte para siempre callada.
sábado, 17 de octubre de 2009
Gota de Lágrima
Cae,
cae,
cae, una gota:
Ting,
Splach,
Plum.
Resbala por el vidrio de mi ventana,
que mira hacia la cumbre y se desvanece.
No supe si era un ojo o la lágrima quien corría.
Adiviné los hilos cristalinos que la unían al parpado,
pero se cortaron cuando traté de anudarlos a mi garganta.
Quise con ellos devolver la tristeza hacia los cielos,
olvidarme del agua que escurría miedosa,
descansar del aliento de la tristeza indómita,
refugiarme en el hueco de las letras marchitas.
Ting,
Splach,
Plum.
Raudas se despeñaron.
Corrieron por la vera enfrente a mis pestañas,
liberándome al fin del dolor de estos ojos,
que se abrieron al sol consumiendo el rocío… de mi eterna nostalgia.
cae,
cae, una gota:
Ting,
Splach,
Plum.
Resbala por el vidrio de mi ventana,
que mira hacia la cumbre y se desvanece.
No supe si era un ojo o la lágrima quien corría.
Adiviné los hilos cristalinos que la unían al parpado,
pero se cortaron cuando traté de anudarlos a mi garganta.
Quise con ellos devolver la tristeza hacia los cielos,
olvidarme del agua que escurría miedosa,
descansar del aliento de la tristeza indómita,
refugiarme en el hueco de las letras marchitas.
Ting,
Splach,
Plum.
Raudas se despeñaron.
Corrieron por la vera enfrente a mis pestañas,
liberándome al fin del dolor de estos ojos,
que se abrieron al sol consumiendo el rocío… de mi eterna nostalgia.
martes, 7 de julio de 2009
Corazón de Lucero
Te allegas a mis días con tu luz rosa y blanca
Cimbreas los capullos de amor con gallardía
Me inundas del encanto de tu mirada mansa
Acogida en tu abrazo con total armonía.
Y llegas por las noches cuando sale la luna
Iluminas la alcoba en que el reposo manda
A crear días claros, amor de nueva cuna
Porque al fin has llegado con tu postrera carga.
Depositas legados a los pies de mi cama
Como fruto inmortal de belleza sin mácula
Extiendes de tus manos tan suave que desgrana
La razón de la vida que va abriendo mis alas.
Ya no me marcharé como antes lo hacia
Después de constatar que vienes si te llama
El corazón cansado de vagar sin valía
Porque ahora te tengo por siempre en la mirada.
Manos de manantial, boca llena de gracia
Pecho de madreselva que crece y que se ensancha
Cubriéndome en dulzura, en amor, sin plegaria,
Y te amo porque estas cada noche en mi almohada.
No he de huir nunca más como antes lo hacía
Quedaré silenciosa mirándote a la cara
Escuchando tu voz de noche en letanía
Arrullándome en coros ¡Y se fué mi nostalgia!
miércoles, 22 de abril de 2009
¿Donde están mis ojos?
¿Pero donde están mis ojos?
¿Dónde fueron sin un aviso previo?
Yo los había incrustado a mi piel… ¡Y partieron!
Dejaron sólo la nostalgia, sin visión ni desvelos.
¿Hacia dónde habran ido en esta mañana blanca?
Siento el sol calentar mis cartílagos y no diviso los márgenes
que los circundan.
¿Se habrán cansado de no ver más allá de las lágrimas?
¿Habrán roto las esquinas de la noche que los sumergía y escapado hacia el lago?
¡Me han dejado sin ver el aire que respiro!,
!Me han privado de observar el agua de la fuente,
!Me han dejado sin ver la luz de la mañana,
!Me han privado de ver el color del amor de mi alma.
¿Sabes tú?... ¿Donde están?
¡Porque yo los busco!
En noche buena, en tardes anaranjadas,
en el sol que me alumbra,
en la forma efímera del agua…
¡Pero no los encuentro!
¿Será, acaso, que me vieron cansada?
Yo los busco y los llamo…
¡Ojos!?..., ¡Ojos!?
Por si estan colgando de las ramas.
domingo, 12 de abril de 2009
Hombre Necio que Esperas
Sentado en el dintel esperas como estrella,
regresar la ilusión que ha llenado tu vida,
del color ya maduro de la espera incesante,
y el verde taciturno del naufragado cielo.
Hombre necio que esperas la llama del embrujo,
acallando las voces del corazón marchito,
rebélate en el puerto de tus barcas perdidas,
abre grandes las puertas sembrando nuevas liras.
Jamás dejes entrar la sombra de la noche,
en tu recio estandarte ni en tu frágil cobija,
quítate las esposas que te amarran sedientas,
libérate en estruendos de agua verde marina.
Si la vida te llama para hacerte su amante,
respóndele sonriente que la has amado siempre,
dile que la esperabas para hacerla guirnalda,
que con miles de estrellas coronaras su frente.
Si acaso la esperanza nuevamente naciera,
o se atara a tu barca navegando sonriente,
abrázala con fuerza, acuéstala en tu almohada,
espárcele copihues borrando así la muerte.
Deja ya ese dintel, asalta ya la vida,
estrújala y abrázala como al alma fecunda,
recibe los regalos que del sol se desprenden,
acuéstate soñando y amanece en la fuente.
domingo, 22 de marzo de 2009
Canción Celeste

Por valles o por montes cabalgo ya sin prisa,
deteniéndome a veces a mirar sus colinas
mas yo sigo lanzada por la vía de la brisa
coronando en crepúsculo la razón de mi vida.
Con el sol del verano que ha guardado mi piel,
con los ojos pletóricos del verde de la riba
con el alma sonriente, ligera y dulce miel,
me acerco cautelosa a tu margen y orilla.
Y el grito del encuentro se desata en el Llano,
estremece las hojas de los pinos insignes,
se sumerge en el prado verdeando como manto
y el eco de tu voz me convierte en esfinge.
Como en mi tu verano se ha pegado a tu piel
como en mi tus ojos han capturado el verde,
como a mi tu alma ligera te sonríe sin sed,
y sin ya más te acercas a mi lado y te pierdes.
El alba nos encuentra cimbreando y endulzados,
después de la carrera de los brazos marchitos,
el fragor de los besos en la piel enlazados,
consumieron el verbo, la rosa y el Jacinto.
Y vuelves a tus días más allá de los montes,
Te alejas como espuma que se deshace al viento,
Yo me quedo apegada al aroma del hombre,
Escondiendo la espada, fingiendo que no siento.
deteniéndome a veces a mirar sus colinas
mas yo sigo lanzada por la vía de la brisa
coronando en crepúsculo la razón de mi vida.
Con el sol del verano que ha guardado mi piel,
con los ojos pletóricos del verde de la riba
con el alma sonriente, ligera y dulce miel,
me acerco cautelosa a tu margen y orilla.
Y el grito del encuentro se desata en el Llano,
estremece las hojas de los pinos insignes,
se sumerge en el prado verdeando como manto
y el eco de tu voz me convierte en esfinge.
Como en mi tu verano se ha pegado a tu piel
como en mi tus ojos han capturado el verde,
como a mi tu alma ligera te sonríe sin sed,
y sin ya más te acercas a mi lado y te pierdes.
El alba nos encuentra cimbreando y endulzados,
después de la carrera de los brazos marchitos,
el fragor de los besos en la piel enlazados,
consumieron el verbo, la rosa y el Jacinto.
Y vuelves a tus días más allá de los montes,
Te alejas como espuma que se deshace al viento,
Yo me quedo apegada al aroma del hombre,
Escondiendo la espada, fingiendo que no siento.
sábado, 21 de marzo de 2009
नोस्ताल्गिया दे Ayer
A cada momento siento tu presencia
en los vacíos de la noche negra.
A cada momento me parece que regresas
que dejas nuevamente mis manos,
mi sonrisa y mi pelo,
injertados con el aroma fragante de tu cuerpo.
Enséñame como decir adios con las palabras,
para hacer del humo el aliento que te busca.
Ciega hacia mi tus miradas.
Enséñame a ya no pertenecernos,
a no juntar el tiempo de las hojas,
con la luz del alba.
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