sábado, 6 de septiembre de 2008

Nathalie


Nathalie
Galopa, galopa la yegua bravía,
Galopa galopa la suerte prendida.
Galopa en el potro la dona sumisa,
Galopa en la madre con una sonrisa.
Galopa en la cima sin voz y sin prisa,
Galopa en el viento cuajado de brisa.
Galopa mi niña por una cornisa,
Galopan los sueños de sol de Natita.

Otro.

Cuando cabalga su potro,
Negro retinto que es él,
Nada la hace padecer,
Pues su corazón contento
Lo quiere tan sólo a él.

Jacinto, su potro negro,
Paisa, la madre rosilla,
Los prefiere para la silla,
Y para trotar también.

Nathy cabalga desnuda,
Por los cerros de la Punta,
Cantando al amor y en yunta,
Se aferra sólo al corcel.

Los ojitos, dos luceros,
La cabellera en el viento,
Tiene la dote y talento,
De un caballito cerrero.

Yegua bravía, mi niña,
Libertad, son y palabras
Montando su yegua linda
Con el viento en la garganta.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Apocalipsis




Yo a ese texto le pondría,


Una pizca de agua clara,

Y un rayo de sol temprano,

Para adornar la alborada.

 

De los niños, nueve sueños,

De mi madre, la mirada,

De tus besos, toda fuerza,

Para romper esa espada.

 

Nada de miedo dejare,

Sólo esperanzas trenzadas,

Y la luz de las estrellas,

Devolviendo las certezas,

Que se anidan en las almas.

 

¿Para que, Señor quisiera,

A los niños de las hadas,

Llenarlos de pena y miedos,

Llorando bajo la escacha?

 

Al cielo yo prometiera,

Que buenitos se portaran,

Que lavarían sus manos,

Con agua de la montaña.

 

La cara blanca y sonriente,

Cuando ya rompiere el alba,

Trenzando rezos al padre,

Y dándole rosas blancas.

 

Del corazón un arrullo,

Hacia ti, ellos enviaran,

Balbuceando, yo te quiero,

Y cantando a la esperanza.

 

Pues eso eres, mi cielo,

Sólo amor de alas muy blancas,

El perdón eterno y regio,

Que emana cada mañana,

De tus manos, de tu estampa.

 

Envíanos tus sonrisas,

Del Elohim, siete llamas,

El perdón de tu albo pecho,

Y el amor que como manta,

Va cubriendo todo resto,

De pecado y cosa errada.

 

Que mejor manto quisiera,

Esta hija que te llama,

Para pedir por los otros,

Llevando rosas trenzadas,

Como anillo de ilusiones,

Y prender en tu aura clara,

mil y una canción celeste,

y  estrellas de la mañana.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Plegaria


No me huyas,
Estamos juntas,
Sigamos haciendo
El mismo camino.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Amada Presencia


Presencia mágica, flor de medio día
Llena de soles tengo la mirada,
Plexo solar, envase de armonía,
Te bendigo, de rosas coronada.

Cantaré, viento sur, las melodías,
Que de mi boca arrecian con tañidos,
De campanas celestes de ese día,
En que tu corazón llego hasta el mió.

Quiero que de mis manos a raudales,
El verso se derrame coronado,
Al fondo de mi pecho ha susurrado.

De la luz que llena de arreboles,
Ha traído amor como sustento,
Llenándome la vida de contento.

sábado, 9 de agosto de 2008

Mas allá


Este amor que siento y quita el duelo,

De tu partida, madre, arranca el sello,

Del misterio, eterno desconsuelo,

De la vida que siendo lo mas bello,

Se escabulle y nos lleva bajo el suelo. 

Este amor que me llena de destellos,

Sólo puedo pensarlo y ofrecerlo,

Al eter de la vida, hacia los cielos,

Aunque a ti quisiera regalarlo,

Y en tus brazos, dulce caramelo,

Fundirme como espuma y este alegro,

Lo envío jubilosa hacia el silencio.

Amado Amante


Si por tus besos, yo mi vida diera,

En  tus caricias, grácil, enredara,

Los pensamientos un suspiro fueran

En la dulzura fresca de tu almohada.

 

Si en el viaje de amor, te estremecieras

Y en tus frondosas alas me llevaras

Las pasiones en verso yo vertiera

En la profundidad de sabanas bordadas.

 

Si tus labios de fuego, se prendieran,

Y tus piernas como espigas me buscaran

La dulzura de amarte no escondiera,

Regando tus cumbres con mi sabia.

 

Si la cúspide del cielo, tu alcanzaras,

Con las caricias que te prodigada

Los bríos de mis noches yo te diera

Y mi cuerpo, a ti, siempre entregara.

Una noche de Amor por Normy Estuardo

Una noche de amor sólo te pido
viajando entre tus brazos enredada
con toda mi ternura acumulada
y amainando de sombras, el olvido.

En tus ansias vivirá mi anhelo
y en los nudos celestes de tu cielo
¡quiero morir de amor y atormentada
por los celos antiguos que poseo

Por el mar de tus caricias muero
aunque dejes mi orilla sin consuelo
quiero esta noche que mi ruego valga

Una noche de amor ¡solo te pido!
para saber quizás que no hay olvido
aunque viaje en tus brazos...demorada 

Versos de Normy Estuardo

Siempre en la cruz de tus olvidos vivo 
siempre en la piel este dolor tatuado 
¡que debiera olvidar y no lo olvido! 
que debiera ¡Matar! y no he matado.

 

Si quiero maldecir surge al abrigo 
de la pasión febril con que te he amado 
si la ola que pasa vuelve al río... 
porque este dolor no ha terminado. 

 

Como oleadas de mágico Beleño 
me pierdo en la visión de aquellos días 
en que subido al ala de mis sueños 
la fiebre de mis ansias recorrías. 

Pero debo arrancarme tristemente 

este Amor que en mi vigilia aflora 
si fue trágico, nefasto, no indulgente 

¿a que morderme la conciencia ahora?

Y tu que has sido causa (de tu olvido) 

y al conjuro de ¡Muerte! me has llamado 

no recuerdes jamás ..que te he querido 

y olvídate también ..que me has Amado!!!! 

Anclaje


De este viaje por fin,
He echado mi ancla,
En la fuente que franca,
Ha esperado por mí.

Aciagos días fueron,
De tanto deambular,
Para poder llegar,
Hasta ti, mi consuelo.

Como si fuera cumbre,
De aguas verde marina,
La veo cristalina,
Ofrecerme la lumbre.

Por eso como marca,
Y sin querer volver,
He varado mi barca,
En pleno amanecer.

Arrecifes no fueron,
O rocas que no vea,
Sino porque ella crea,
En mi ser la pasión.

Desde ahí cada día,
Cada noche serena,
Esparciré en la arena,
Mi alegre poesía.

Quiero que nadie venga,
Arrancar a mi barca,
De la hermosa comarca,
Qu´es la fuente divina.

Te invito marinero,
De la vida y el llanto,
A cubrir con su manto,
Tu cuerpo y tus desvelos.

Deja que el viento sople,
Las velas de tu barca,
Que llegue a la comarca,
De la fuente y se acople.

Cual luz de tus desvelos,
A su lado tendrías,
Como yo cien luceros,
De risas y consuelos,Y eternas armonías.

miércoles, 30 de julio de 2008

Duerme Chaiten


Acodada a la barra del ciberespacio alguien entra y saluda: ¿Hola chilena, tu volcán, sigue escupiendo? Es mi amigo Emilio de España quien pregunta.
Respondo que si y que ha ello se ha sumado la lluvia desmoronando laderas y arrasando en su caída con casas y sueños.
Le digo que desde hace unos días la nieve cubre el paisaje. Ya no sabemos si lo blanco se debe a ella o a la ceniza volcánica

Y después vino el río, agrego. ¡No! ¡Si, Si! lo que oyes. Creció sin límites invadiendo la ciudad de lado a lado y corre desbandado por las calles. En las plazas se detiene a jugar en los balancines luego se resbala y sigue su camino. Atraviesa las casas descoyuntando la puerta trasera y fisgonea intruso; se revuelca en las alfombras, echa un sueño en las camas, prueba los alimentos para escapar raudo por la puerta principal contento por sus descubrimientos. ¡Eso sí! No es huésped deseado, llegó sin invitación. Arrastra en su descenso hacia el mar con vehículos, amores, animales, esfuerzos.

La naturaleza se ha desbocado, no quiere a nadie en sus espacios. Nada de hombres o niños, nada de aves, ni vacas, ni ovejas. Cubre plantas, hierbas, árboles y flores. ¡¡¡Nada!!! Pueblo blanco y rugiente bajo el agua que lo inunda y el volcán que lo cubre con su manto de silencio y muerte. Y la ceniza, siempre la ceniza cada vez más espesa. ¿Ceniza o nieve? pregunta Emilio. Ambas, querido, ambas.

Hoy es pueblo desierto como tantos otros en esta patria mía. El abandono lo ha marcado con su estigma. Los habitantes, hoy antiguos habitantes (Antiguo es una palabra que no tiene tiempo, donde el tiempo es relativo, puede ser ayer, hace años, milenios) han sido levantados en vuelo por los vientos del sur. Desperdigados, se han convertido en buscadores de rutas que los conduzcan al mítico lugar donde plantar la semilla del sueño nuevo, la simiente de esperanza. Andan errabundos, el ancla preparada para echarla donde el sol les sonría.

Pero sueñan con su pequeño pueblo. ¡Era hermoso y lozano! resuena en la tormenta del invierno, sur abajo. Un pueblo joven lleno de primaveras en sus plazas y de niños sonrientes.
Hoy, las casas destripadas navegan por el río en dirección poniente. ¡Nadie las construyo nadadoras!, pero aprenden con pena de aguas blancas y se dejan guiar por la corriente quizás donde. Llevan en su interior toda una vida y fotos de la abuela, del baile aquel, del nacimiento, crecimiento y partida de los que la habitaron. Y viaja hacia el mar como Alfonsina, sin retorno, sin vuelta, desvencijada, sometida, y por fin, vencida.

El volcán ruge y canta melodías ancianas; esas que conocían los aborígenes que vivían en latitud sur, y le canta a la tierra:
¡!!Duerme madre, descansa cubierta por mi manto,
yo velaré tu sueño de noches sin estrellas.
Mientras tú languideces en el reposo de los justos, te protegeré.
Te daré este calor entrañable que recorre las venas de la tierra profunda
cubriendo la arboleda y tus campos.
Desharé toda huella de usurpación limpiando y ocultando.
y los grillos celosos por mi abrazo bajaran hacia el silencio que noctámbulo,
te arrullará con titilar de estrellas ocultas.

Sol, la, si, la, si, do, son las notas florecidas en el huerto del cielo con que madre noche acarició a los hijos. Nadie humano las escuchó, se habían ido en busca de una nueva mañana tibia y de noches con estrellas. Quienes sí la escucharon fueron los otros hijos, los del silencio armónico El manto del volcán no fue apreciado por los habitantes de Chaiten, prefirieron viajar, con el favor del viento del pacifico, rumbo más bien al norte.
¿Dices que ya no hay nadie? Pregunta Emilio. ¿Nadie? respondo sorprendida, ¡pero si hay tantos! La vida amigo, ella, sigue viviendo su vida.

Cuando la tierra duerme y con ella sus creaciones emergidas y sumergidas todas están allí pensando en un mañana armonioso, pero para pensar es necesario silencio e introspección. Eso ha hecho ella utilizando a su volcán recién parido y el hijo obediente la cubre con su manto y la arrulla. Ella se deja hacer y se conecta en silencio con el padre universo para pronto volver a las andadas verdeando entre cielo y tierra, entre montañas y mar abierto.