viernes, 12 de septiembre de 2008

Zapatos Blancos


Ayer, 10 de septiembre, llegó el perdón caminando con sus zapatos blancos centelleando por la calle larga de la vida. En un comienzo, cuando lo divisé desde mi ventana, me pareció que titubeaba, quizás no había anotado bien la dirección, pero luego, lo vi sacar un papelito amarillo del bolsillo y comprobar que el número era bien el de mi casa.

No toco el timbre sino que entro directamente hasta mi alcoba.
 ¡Buenos días –me dijo- ¿eres tu, Gracia?
 Si –respondí, sorprendida y emocionada- ¿Me traes alguna buena nueva?
 ¡Juzga tu! –dijo- entregándome un ramo grande de violetas blancas.

 ¡Pero como! -le digo-….son blancas….símbolo de la pureza mas perfecta….¿no debieran ser azules?
 ¡Haces muchas preguntas! –respondió- meneando la cabeza.

Permanecí pensativa largo rato mientras las ideas se iban conectando en mi cerebro e iluminándose con luz blanca que me entregaba la comprensión justa. ¡Si!
-exclamé al cabo de unos momentos- ¡las violetas blancas!…ellas….¡la más pura expresión de la pureza! Eso debía dejar entrar a mi centro cardiaco para perdonarme a mi misma y a los demás. Dejarlas cubrir mis antiguas heridas y emociones, trasmutar los pensamientos anquilosados con el suave aroma de sus diminutas flores.

Me levanté de un salto y un apretado abrazo se enredó en Perdón y dándole las gracias salí al patio a recorrer el jardín. No hubo lágrimas emocionadas, ellas vendrían con el correr del día cuando la luz más prístina acudiera hasta mí. Y así lo hizo.

Mientras catastraba las escasas flores del jardín en invierno una idea sobrevoló mi cabeza varias veces diciendo: Ya es tiempo de amar al prójimo y a ti misma. Ya es tiempo de borrar el dolor pasado y reemplazarlo por la dulzura que Perdón te ha traído como regalo de cumple 35 años de ruptura. Ya es tiempo de mirar las imágenes del golpe de estado del 73 sin emoción, sin pensamiento, sin juicio, sin crítica, envolviéndolas amorosamente en el manto bicolor de mi Padre.

Decidí vestir mi mejor traje de terciopelo iridiscente, me puse un chaleco color azul-violeta, calce los zapatos más cómodos, rocié mis manos de channel 5 y partí al encuentro de mis amigas participantes en el taller de autosanación.

Cuando me vieron llegar todas dijeron: ¡Que elegante! ¿De donde vienes? ¿Ocurre algo especial hoy día? Y expliqué -no sin emoción pues ella, el agua de mi vaso, se precipitó por la pendiente de mi rostro bañándolo alegremente- Si, -respondí- hoy es el primer día de mi vida, una nueva vida que comienza con el Perdón anclado aquí en mi pecho. Más importante aún, he tirado el último grillete al fuego puro que Amor me ha regalado y este, sin preguntar siquiera, donde, cuando o porqué, lo ha disuelto. ¡Soy libre! me han crecido dos alas con las que puedo, por fin, volar por sobre los tejados. Hoy he comprendido que no hay pasado ni futuro, que hay sólo hoy y a ese, lo acaricio a cada instante.

Volví a mi hogar a altas horas de la noche envuelta en la certeza del reencuentro con la Paz. Tantos seres celestiales en mi camino de ese día no podían sino augurar cosas buenas para la noche. Perdón, Amor, Paz, me acompañaron ha mi alcoba bendiciendo mis sueños.

Tres de la mañana y alguien que no logro ver me despierta diciendo: lee. Yo obediente, enciendo la luz y leo la página que he dejado marcada. El título es: Bendiciones XI. ¿Cómo? -le digo- cuando caigo en la cuenta que a esas horas de la noche ya es once de septiembre, y con un vuelco en el corazón guardo silencio colocando un dedo sobre mis labios. Siento y veo como una dulce ensoñación me va cubriendo y a aquellos a los que he liberado con mi perdón. Todos al unísono, ascendemos como burbujas arcoíricas dándonos, por fin, el abrazo fraterno de la eternidad toda una.

Al despertar esta mañana de día soleado, una sensación suave se acurrucaba entre mis brazos. La miré enternecida tratando de encontrar sus ojos y lo que vi me llenó los párpado de ilusiones. Perdón, Amor y Paz, adormecidas en el recodo claro de mi pecho, ronroneaban una dulce canción de agua clara estremeciendo mis entrañas. Me habían convertido en madre.

2 comentarios:

Gonzalo A Torres Olivares dijo...

saludos Gracia unas palabras que a Chile le hacen mucha falta el cerrar esas Heridas con ese ramo de flores con esa belleza de tu escrito

saludos para ti te he agregado a mi blog que lo amonone para la fiestas la enramada byte

saludos para ti
Gonzalo

G R A C I A G A D E L dijo...

Gracias Gonzalito....
Yo tambien estoy arreglando la ramá pal dieciocho en mi parcelita cordillerana de La Punta.
P´alla nos vamos a cuequear con la familia.